Biblioteca Popular José A. Guisasola

Campus virtual
Coordinadora: Julia Martín
Tallerista becada: Mónica Yacob




Texto: Mónica Yacob / Ilustraciones: Ada Alkar


Era una noche oscura, lloviznaba y el frío calaba mis huesos. Había dado a luz una hija extramatrimonial.

Hacía tiempo que tenía un amante y estábamos decididos a huir juntos.

Mi marido era amo y señor de un pueblo de pescadores donde corría el contrabando y vagaban los tratantes de blanca. Todos le tenían pánico, los lugareños decían que era el mismo demonio. Yo vivía aterrorizada. Cuando me miraba la sangre se me helaba.

Por las noches entraba a mi cuarto ebrio, me tomaba salvajemente, estuviera o no dispuesta, me golpeaba cuando no tenia erección, dejando mi cuerpo lleno de cardenales y mi alma humillada. Solía enojarse porque no quedaba embarazada, decía que era mi culpa gritándome puta frígida.


Nos casamos porque mi familia era muy pobre y mi padre no encontró otra salida, más que venderme. Era yo apenas una niña llena de sueños que creía en el amor.

Una tarde, escapando de la violencia de mi marido, salí a caminar por la orilla del mar. De pronto vi un joven que se acercaba, se paró frente a mí y sin decir nada me tomó la mano y nos sentamos en la arena. Hablé mucho, él escuchaba mirándome fijamente, después hicimos el amor.


Yo estaba asombrada. Ese día conocí el amor. Sus manos eran de lava y nos prendimos fuego. Recibí y devolví cada caricia, cada beso, sentí que volaba entre sus brazos. Desde ese momento nunca dejamos de vernos.

Me di cuenta de que estaba embarazada recién cuando sentí al bebé moverse dentro mío. Me sentía tan feliz, iba a ser madre, me preguntaba cómo sería tener un hijo. Sobre todo sentía miedo.


Un día veníamos de nuestra cita cuando apareció mi marido, borracho, hirviendo de odio, alguien le había contado lo nuestro. Apuñaló a mi amante, quise ayudarlo pero mi trabajo de parto había comenzado; quedó tirado en un charco de sangre. A mí me arrastraron a una mansión donde di a luz a una niña. Con el vientre y los brazos vacíos me metieron en un barco, mandándome a otro país. Mi marido me había regalado a un tratante de blanca.


De pronto estaba en un antro de perversión. Varios hombres pasaron por mi cuerpo. Nada tenía sentido para mí.

Ya mi cuerpo no respondía. Una mañana le empecé a suplicar al hombre de turno que no me tocara. Él se apiadó de mí, me escuchó, dijo que me iba a ayudar a salir de ahí, pero tenía que casarme con él.

Nada me salía gratis. Pero cualquier cosa era mejor. Como no tenía opción acepté. Así que nos casamos.

La noche de bodas él murió de un infarto. De un momento a otro me convertí en la viuda más joven y rica del lugar. La vida no me sonreía, pensaba en mi hija, en mi amante muerto y la vida miserable y solitaria que tenía.

El tiempo pasó y mi vida giraba en torno a esa casa. Mis empleados eran mi única familia.

Para mis 50 años ellos me organizaron una fiesta. No quería. No tenía nada que festejar, ellos sabían mi historia.

Estaba leyendo en la galería cuando de un auto se bajó una mujer que traía un bebé. Hola mamá, éste es tu nieto.

Entonces lloré todo lo que nunca había llorado en años.


Texto: Mónica Yacob
El Perdido, Marzo 2016

Ilustraciones: Ada Alkar
Guadalajara, Septiembre 2016





Más lecturas

Créditos: BibliopequeVAGABUNDIA Codrops ❘ Ilustración: ©Sofía Escamilla

“Por una biblioteca popular más inclusiva, solidaria y comprometida con la sociedad”
Ir Arriba